Autoedición, o intentar hacer las cosas como uno quiera.

Ejemplo de autoedición: los dos discos de Jero Romero
Esta semana Vetusta Morla ha vendido todas las entradas para sus próximos conciertos en el Palacio de los Deportes de Madrid y el Sant Jordi Club de Barcelona, lanzando, además, dos nuevas fechas a la venta. Ni más ni menos. Lo  han conseguido doce meses después después de estrenar La Deriva. Y un año y medio después de sacar una gira a la venta aún antes de haber lanzado este último disco. Ni menos ni más.

 

Me alegro mucho por estos chicos, yo estaré bailándoles en Madrid. Pero me alegro aún más porque son un ejemplo de que las cosas se pueden hacer como uno quiere. Vetusta Morla es la cabeza visible de una generación que viene haciendo las cosas poco a poco, despacito, sin prisas y sin estridencias gracias a las oportunidades que la tecnología e Internet les ofrecen. La autoedición, pocas veces exitosa, a veces arriesgada y siempre trabajosa, es ya una opción para muchos grupos que han sabido comunicarse con su público. Y han sido capaces no sólo de agotar una gira antes de publicar un disco, sino también de vender el álbum antes de saber si quiera cómo van a componerlo. Como Jero Romero. Sé que esto no es algo nuevo, que maquetas circulando por ahí las ha habido siempre, pero Internet ha hecho posible que esa distribución alternativa se materialice en ingresos, igual a medios.

 

Cierto es que este sistema no promete giras en hoteles de cinco estrellas ni millones en la cuenta corriente. Aquí uno marcha al ritmo que puede,  trabajando duro y siendo inteligente, creativo. Valiente. Poniendo de su parte y arriesgando sin poses. Y, lo que más me gusta de todo, contando con su Público. En mayúsculas. Porque público no es esa gente que te sigue y persigue sin más. El Público de verdad es aquel que respetas, por el que no te conformas y para el que no vale cualquier cosa. Ese que se va a gastar el dinero que sea en un album completo, no en un single con diez canciones más. Ese al que le vas a enseñar vídeos tan personales y hechos con tanto cariño como este editado por Jero Romero.

 

Quizás esta detalle se pasó por alto en los despachos de alguna discográfica y hoy estamos como estamos. Seguramente también ayudó su poca adaptación al cambio, intentando mantener el beneficio donde ya no estaba. Pero ese es otro tema. No quiero defender la piratería. Si yo pago al que me da de comer, ¿cómo no voy a hacer lo mismo con quien me hace bailar? Tampoco sé cómo tiene que ser su modelo económico, pero los números y la dependencia de cuatro artistas demuestran que así no van muy bien. De lo que sí que estoy segura, es que me gusta mucho que grupos como Vetusta Morla o Jero Romero tengan la posibilidad de hacer lo que ellos quieren y hacerlo como les da la gana. Si todos lo lográramos, estoy segura de que nos acostaríamos con menos dolores de cabeza.

 

P.D. No sé si este negocio es imprescindible o no. Sólo sé que sin música y vino, mi mundo sería más feo.
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