Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)

A estas alturas de la película, con las nominaciones a los Óscar dando vidilla a las taquillas resacosas tras los excesos infantiles navideños, quien más y quién menos habrá visto ya Birdman. O al menos habrá leído más de una crítica sobre ella. Como sé que seguramente no aporte nada nuevo te recomiendo no seguir leyendo si ya conoces de sobra de qué vamos a hablar. Pero el trabajo de González Iñarritu se merece todas las vueltas que se le quieran dar: hacía mucho, mucho tiempo que alguien no me planteaba tantas preguntas delante de una pantalla de cine.

El trailer funciona como resumen de lo que vais a ver (si aún no lo habéis hecho ya, corred al cine) que es, ni más ni menos, que un poquito de nosotros mismos. A través del infinito plano secuencia sobre el que descansa la película, González Iñárritu nos muestra los miedos e inseguridades de un actor a través de sus ojos, ¿y no somos todos actores en nuestra propia película con esos mismos miedos e inseguridades? Cómo percibimos nuestra realidad describe tanto lo que vemos como de lo que estamos hechos: somos lo que que queremos ver. Siempre hay una intención. De hecho, los ojos con los que cada protagonista mira su vida son tan importantes en el argumento que, en uno de los mejores diálogos de la película, un actor quiere quitárselos a otro para ver el mundo como él mismo lo veía a su edad. Otros ojos para ver lo que tú quieres ver.

Este mismo plano secuencia, tan estructurado y artificial, otorga una fuerte sensación de verosimilitud a todo Birdman haciendo que los personajes entren y salgan de plano como los vecinos, amigos o compañeros de trabajo entran y salen de nuestra vida.  Amigos y enemigos, gente que quieres ver y gente que no. Interrupciones físicas y virtuales, porque si esta película habla de egos, las redes sociales tienen que aparecer. A través del choque cultural y generacional de un padre y una hija, González Iñarritu reflexiona sobre el protagonismo que twitter, facebook o instagram tienen en nuestras vidas. ¿Realmente otorgan tanto poder? ¿Millones de youtubers son capaces de sustituir a los medios de comunicación de masas tradicionales, esos grandes conglomerados empresariales? ¿Millones de personas buscando un vídeo en youtube de un señor en calzoncillos tienen la misma credibilidad que la firma de un solo crítico, pudiendo ambos tirar por tierra el trabajo de meses?

Grandes o pequeñas, son opiniones todas externas que no nos dejan ver qué reconocimiento es el que realmente tenemos que ganarnos. Porque no hace falta trabajar en la CNN o tener millones de seguidores en Instagram para que una pantalla, sea la que sea, deje de estar frente a ti para estar dentro de ti, haciendo de filtro saturado impermeable para los momentos de realidad.

Mi momento prota de redes sociales: el cartel de Birdman en el cine en el que vi la película

Hablando de redes sociales, mi Instagram el día que vi Birdman

 

Y después de este momento prota en redes sociales, pasamos a otra de las preguntas que nos plantea Birdman: riesgo, ¿es tan importante?  Quizás yo sea poco ambiciosa, pero si alguien es capaz de arriesgar amor y dinero en una producción teatral que puede llevarse todo por delante, incluida a su hija, tiene que tener motivos, buenos motivos. O quizás hemos dejado de hablar de profesionales para hablar de reconocimiento en todas sus facetas. Hablamos de el ego de alguien que sabe hacer su trabajo, pero necesita que su jefe se lo diga al mismo tiempo que no da valor a lo que su círculo personal más cercano piensa sobre él. Seguimos hablando de el ego de un actor tan bueno que sólo puede vivir a través del escenario, no quiere bajarse hasta el punto de no saber parar de actuar sin el riesgo de ser tan insoportable como para pegarle un puñetazo. Un personaje aparentemente lejano que guarda un valor universal en su papel: todos somos actores trabajando bajo un pretendido guión. Sólo unos valientes lo rompen e improvisan su texto.

Pregunta tras pregunta llegamos a lo mejor de la película: Michael Keaton, capaz de reirse de si mismo durante todo este proyecto. Al terminar el film me alegré de tener la edad que tengo y haber visto el Batman de Keaton, el bueno, tantas veces. Porque sólo así pude ver lo que Birdman es: una pretendida broma. Como la vida misma.

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4 thoughts on “Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia)

  1. merecido Oscar, no más, aunque mi vida tiene un antes y un después tras los calzoncillos de Michel Keaton, no digo más!

  2. Enhorabuena Susana !!! Primer post en tu blog y tus fotos ya hablan, y muy bien, por ted. Me ennacta haber sido el primero en estrenar los comentarios y me convertire9 en un seguidor de tus progresos. Un abrazote, Manel

  3. ¡Hola Andrés! Muchas gracias por tus palabras, pero no tengo ni idea de quienes son Susana y Ted, ¿me cuentas? ;o)

    Un abrazo

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