Cuéntame historias

historias“Somos criaturas hechas de imaginación, sueños y esperanza. Y nuestra literatura tiene que reflejarlo. La próxima vez que encuentres a alguien que piense que la literatura imaginativa no tiene importancia, tal vez debas considerar su opinión poco importante” Neil Gaiman

Sin embargo, cuando nuestra vida laboral tiene que hacerse adulta (no así la personal, que ahora nos vemos como cuarentañeros) empezamos a avergonzarnos de ello. Es hora de profesionalizar las cosas. Es el momento de olvidar letras y dibujos para dedicarnos a tiempo completo a los números que vestidos de objetividad, son tan creativos y manipulables como las artes. Es el momento de ganarnos el pan con cosas serias y de no imaginar otro futuro. De no soñar que podemos ganar más o, por lo menos, de otra forma. De esperar que las cosas puedan cambiar.

Será que no interesa que contemos historias, no vaya a ser que nos de por inventarnos cuentos en los que cuestionemos por qué cada uno está donde está, por si alguno fuera a escribir la Rebelión en la Granja de nuestra época. Quizás interese que no exista ficción que nos permita ponernos en la piel del otro sin necesidad de conocerle. O que nos ciñamos tanto a los números que lleguemos a entender por qué no cuadran sin preguntarnos por qué son los que manejan esas cifras los que deciden que somos nosotros los que tenemos que pagar más. Y recibir menos.

Seguramente me esté equivocando, pero ya no me interesa. Puesto que la sociedad me va a decir qué hacer y cómo conseguirlo, me iré inventando mis historias por el camino, jugando un rato cada día a ser la protagonista de Big Fish. Así que no te asustes si algún día me encuentras con personajes tan geniales a mi lado. Quizás haya quien no vea que son tan increíbles, estoy segura, pero  sé que todo el mundo tiene una historia original que contar: la suya. Y para verla sólo hay que escuchar un poco más.

No conozco a  Iris, estudiante de Comunicación Audiovisual, ni qué la llevó a grabar este proyecto de fin de carrera, pero en su resultado veo esa capacidad de ver historias únicas donde hoy otros ven una única realidad. Escuchando la sinceridad de los testimonios grabados pensé en la suerte que tenemos de que las cosas cambien, de que la tecnología evite que me corte las manos con el hielo lavando en el río o de que tenga vetadas tareas y espacios sólo por algo tan fortuito como mi género. Pero también sentí nostalgia al darme cuenta de que necesitamos rescatar el saber mirar de nuestros predecesores, el no necesitar colocar un filtro Hudson entre ojos y escena. Quiero recuperar su sencillez, su diógenes justificado por haber vivido una infancia de posguerra, no la acumulación digital que nos rodea. Ellos no necesitan coach ni libros de autoayuda que les enseñen a vivir aquí y ahora. Ellos son y serán aquí y ahora.

Tenemos el derecho de seguir creyendo en cuentos e historias. Además, Iris ha sabido qué hacer con las suyas. Enhorabuena.

 

Share on FacebookTweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on Google+Email this to someone

2 thoughts on “Cuéntame historias

  1. Creo que somos muchos los que sin querer, nos dejamos llevar por la marabunta…
    Aunque de vez en cuando nos rebelemos y “amenacemos” con con ser personas!!!! luego volvemos a ser parte del todo en vez de ser la unidad…una pena.
    Yo por si acaso, sigo escuchando esos “cuentos”, ya que son los que me interesan, no a los cuentistas que hay hoy en día a nuestro alrededor y que no nos queda más remedio que oir.
    #granden110

  2. Bueno, ser consciente de vez en cuando de que no todo es lo mismo también nos viene bien, ¿no? Muchas gracias por detenerte cada día a escuchar mis cuentos ;)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.