#Unmesunlibro. El bar de las grandes esperanzas

bar_grandes_esperanzasÚltimamente he leído bastantes libros de memorias. Me gustan los relatos en primera persona, regalan un envoltorio de credibilidad con el mismo valor que el ‘basado en hechos reales’ que abre las películas de sobremesa de muchos fines de semana: ninguno. Aún así, hay ratos en que me lo creo. Y es muy interesante ver el resultado del esfuerzo del autor al presentarse ante el público. No tiene que ser fácil contar tu historia queriendo que la lean miles de personas. La libertad de saber que lo que escribes quedará en las páginas de un diario se transforma en vértigo al desear que sea leído. Un miedo tan atractivo como algunas drogas. El último ha sido El bar de las grandes esperanzas, de J.R. Moehringer.

Hay libros, como algunos bares, de los que es difícil salir. En este volumen coinciden ambos, y también quien lo está leyendo. Moehringer cuenta mucho y hace contar a sus personajes, da juego. Crea pequeñas complicidades. Me hizo sonreír leyendo como el J.R. niño repetía condiciones imaginarias creyendo que podría influir en el presente, mientras recordaba que el día que compré este libro llevaba ya muchos en la mano y alguno tendría que dejar. Deposité el último ejemplar de este bar de las grandes esperanzas en la estantería que estaba al lado de la puerta y pensé “si cuando vuelva a salir está aquí, me lo llevo”. Dicho y hecho, no somos tan originales.

Cómo no reconocerse también en la historia del niño que quiere hacerse mayor buscando referentes para darse cuenta años después de que nunca vio el más importante, el que tenía frente a él. Como buenos hijos, solemos ser injustos con los padres, echándolos a un lado en esa pretendida independencia adolescente para crecer después pronunciando frases que hace años ellos nos dirigían a nosotros. Y sonreímos, porque ahora son nuestras, igual que la decisión de ir o no al bar. Moehringer vio en el Publicans un recinto vedado, sólo permitido a los adultos y donde él, por supuesto, tiene que estar. Siempre, pase lo que pase. Hasta el día en que decide que no, que sólo irá cuando lo necesite, que el tiempo vivido allí lo invertirá en ser lo que quiere ser. Y para eso sólo puede escribir sobre ese bar. Sale del local para pasarse el día recordando por qué entró allí cada tarde. Vuelve así al principio, al momento en el que convirtió un lugar desconocido en un paraíso laico. Y repite la mitificación desde la distancia que le concede el recuerdo de su juventud, sabiendo que ya no volverá a ser “plenamente consciente de la maravillosa redundancia de ser joven y estar borracho“. Ya no.

Cuántas veces volveremos cada uno a nuestro bar de las grandes esperanzas, si es que hemos sido capaces de salir de allí. Por eso me parece tan difícil sentarte a pensar qué fue, qué pudo haber sido y si 20 años no es nada. O 50, como dice Margallo. Y además escribirlo sin pensar si conseguiste lo que necesitabas o te quedaste en lo que querías. Si lo intentaste de verdad o fracasaste, eso tan relativo, en el camino. ¿Y todo para qué? Para ser consciente, como Moehringer, de que no vale de nada si no hay nadie allí para compartirlo, para cotejarlo. “Quién sería hoy si mi madre no me conociera“, dice J.R. Está claro que no habría escrito el mismo libro si supiera que ella se enteraría (o desmentiría) ciertas cosas. Sólo espero que aún así lo hubiera hecho porque, me lo crea o no, me encanta cómo lo cuenta.

Aún no sé si he salido de ese bar. Tampoco sé si quiero, por eso no creo que escriba nunca un libro de memorias. No seré capaz de hacer que mi vida valga para tanto y, sinceramente, tampoco es necesario que todos lo hagamos. Sólo espero que siempre haya alguien para cotejarlo, no hace falta que sea mucha gente, y que me recuerde porque les hice la vida más fácil. Que por lo menos no les di problemas, que de esos hay muchos. Y agotan.

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2 thoughts on “#Unmesunlibro. El bar de las grandes esperanzas

  1. ¿¿¿¿¿¿¿¿¿Para cuando el libro entonces?????????
    Sería la primera en comprarlo y recomendarlo!!!! #ylosabes
    “Cuando alguien escribe en primera persona”, dices: para mi es lo normal, y me gustan las cosas, la gente y los santos bares normales de los que NO, rotundamente NO quiero salir aún!!!! que ya tengo bastante con que este mundo vaya tan deprisa, me pasa como a Mafalda.

  2. Venga, yo me quedo contigo también que esto va demasiado deprisa. Llamamos a Mafalda también si quieres.

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