El Congreso de lo Simple

simple

Simple.
(Del lat. simple, adv. de simplus).
1. adj. Sin composición.
2. adj. Se dice de aquello que, pudiendo ser doble o estar duplicado, no lo es o no lo está.
3. adj. Sencillo, sin complicaciones ni dificultades.
4. adj. Dicho de un traslado o de una copia de una escritura: Que se saca sin firmar ni autorizar.
5. adj. Desabrido, falto de sazón y de sabor.
6. adj. Manso, apacible e incauto. U. t. c. s.
7. adj. Mentecato, abobado. U. t. c. s.

En tiempos de palabras grandilocuentes y vacías, de cargos pomposos a la vez que inoperantes, de burbujas fugaces en las que nadie se mancha las manos se agradece, de verdad, un poquito de simpleza. Simple, que no falto de sazón o sinónimo de manso o abobado. Tampoco antónimo exacto de complejo, pero si sinónimo de esencial en su proceso.

Pensaba sobre ello durante los dos encuentros del V Congreso de Empresa+Finanzas que la Fundación Caja Rural de Segovia celebra durante todo el mes de marzo. Unas jornadas centradas en analizar la realidad económica para intentar lanzar un poquito de optimismo. Ese es el lema, pero de momento se ha hablado más de simpleza, de sencillez, que de esperanza.

En una sociedad que se inventa enormes cargos directivos con el único objetivo de aumentar sus retribuciones sin aportar nada nuevo, es un placer escuchar la experiencia de gente mayor, vieja, que ya está más que de vuelta, hablando de lo que de verdad funciona: hazlo simple. Keep it simple, para gurús del online. Eso es lo que yo me llevo de las conferencias que tanto Prada a tope como Leopoldo Abadía han impartido estos dos días.

Simple, que no fácil. Un ponente carismático, un micrófono y un auditorio. Sin grandes presentaciones, músicas ni efectos especiales. Resultado: no dejaron de escucharse risas en una hora.

Simple, que no inmediato, que ambos imparten conferencias en el momento vital en el que otros soñamos con la jubilación.

Simple, como son los componentes del éxito para Prada a tope: materia prima, tecnología, ganas de hacer las cosas bien, esfuerzo y capacidad de diferenciación. Inteligencia, añadiría yo.

Simple, también como su máxima: trata a todo el mundo como quieres ser tratado.

Simple, sí, pero también olvidado. O enmascarado detrás de supuestos nuevos mandamientos del marketing y la productividad. Puede haber mejores versiones, pero la base es la que es.

Simple, que no desprovisto de trabajo. Y aquí aprovecho para colar la exposición que guarda la Alhóndiga de Segovia, Colección Espacio RAW. Un ejemplo de aparente sencillez bajo encuadres muy trabajados y, sobre todo, impresas con una trabajosa técnica que aporta más textura a la imagen. Hasta el 15 de marzo, corran.

Así llevo varios días, despojando la idea de simpleza de visiones peyorativas. Pensando que hacemos complejo todo aquello que queremos ensalzar o, por el contrario, esconder. Creamos necesidades complicadas, generalmente caras, para olvidar que lo que verdaderamente nos hace sentir bien, suele ser muy simple. Sencillez que, repito, entiendo bajo mi concepto, y que es el resultado de mucho trabajo e ingenio que facilita despojarse de accesorios inútiles. Si ahorramos en superficialidades, si nos quedamos con lo auténtico, ¿no nos vamos a sentir mejor?

No voy a defender ahora la idea de felicidad que tanto estamos viendo en todas partes, no, que ya hay mucha gente que lo hace mejor. Pero perseguir la felicidad es como buscar el Santo Grial. Y como yo no soy Indiana Jones, casi que voy a empezar quedándome con las cosas simples. Y buenas. Porque, como dice Prada a tope, la buena materia prima es la base. Y si tenemos buen vino, buenos ingredientes y nos sentamos con buena gente, no hace falta aderezarlo con nada más.

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