Septiembre

... será más fácil. Hasta septiembre.

… será más fácil. Hasta septiembre.

Siempre he pensado que es muy injusto que septiembre sea el mes más odiado del año. ¿Su error? Nacer después de agosto. Eso y que somos tan tontos como para no ver que ni el primero es tan bueno ni las consecuencias del segundo tan malas. Seamos serios, ¿quién sueña con 30 grados cuando habla de buen tiempo? ¿Es lógico hacer más planes cuando el hecho de pensar en moverse implica sudar? Sabemos que no se duerme mejor con la ventana abierta, no queramos esas noches calurosas. ¿Vacaciones, horas de luz, jornada de verano? Ahí sí que me habéis pillado, no tengo más defensa que la que pueden darme los que han pasado estos dos meses en la oficina y se marchan ahora. Esos son los que saben.

Yo, como medio planeta, he viajado en agosto, cuando he podido. Por eso tengo que guardarme para septiembre el recuerdo de la tranquilidad de esos días fuera de casa, el slow life que llaman, a ver si llega vivo a noviembre. Las cenas sin prisa, los paseos con tiempo, las copas sin mañana. Un gustazo, vamos. De hecho son los horarios la parte más dura de volver a la normalidad. Eso y tener que peinarme todos los días, en serio, así que habrá que ir ver a Eleuphoria Estilistas, a ver qué tratamiento nos recomienda este otoño, que el pelo sano se peina más rápido. No falla. Eso, y volver a pintarse las uñas de rojo, que siempre da alegría.

También me reservo para septiembre las ganas de hacer cosas, mil cosas, todas las acumuladas ante la inactividad de agosto. Segovia en septiembre mola. Vuelven los de Future Shorts con sus pelis (bueno, estos vienen cada tres meses, pero por lo bien que está el plan tenían que estar). También el Hay Festival, que seguro que nos trae alguna sorpresa en su décimo aniversario, el mismo que celebra MUCES, pero tendrá lugar un mes más tarde, que nos quedamos sin fines de semana. Y ya sabes que si hablo de festivales, el WIC aparece, que vender abonos sin cartel tiene mérito, del bueno, y nos lo presentan el día 26.

Mi septiembre implica cambios, espero que se cumplan. Y ganas de hacer cosas. Las mismas que alimentan los discos que vienen, la programación del Teatro Juan Bravo y de La Cárcel. De momento estrenamos el mes con microteatro, para ir entrando poco a poco en faena, que ya habrá tiempo para obras más grandes. Ganas también de correr, que septiembre y su fresquito son perfectos para volver a hacer deporte, que este año tengo una buena motivación: el 18 de octubre la Fundación Caja Rural organiza su IV Carrera Solidaria a favor del Banco de Alimentos de Segovia. El recorrido une La Granja con Segovia. No puede ser más bonito (y más cuesta abajo).

Septiembre es, en definitiva, el momento de hacer esas cosas que me hacen sentir bien, sean las que sean. Mientras seguimos echando la quiniela a ver si toca, tenemos que volver al cole. Habrá que hacerlo entretenido, ¿no? Así que me guardo para los fines de semana el vivir sin horarios, comer cuando se tiene hambre y dormir cuando hay sueño. Sed hay siempre. Saco huecos de donde no los hay para salir a correr, leer o ver una buena peli, que hay que cuidarse mucho y bien. Que la rutina no es tan mala si consiste en hacer lo que me gusta, no hay más. Y que no se me olvide en sólo unos meses que las cosas vienen mejor si uno se las toma con calma. Que nada es tan grave. Nada.

Lo dicho, utiliza la excusa de la depresión postvacacional para mimarte un poco, que ya llegará octubre y el cambio de hora. Entonces nos inventaremos otra.

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2 thoughts on “Septiembre

  1. Y yo que busco motivaciones diarias… Septiembre también las tiene, claro! Y más si vas a #turégano de fiestas patronales y enganchas a unas buenas amigas de todo el año, no sólo de verano, para mimarte a tu manera! #yocorazón
    Grande #n110 :)

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