Titirimundi

Titirimundi ya está aquí. La semana que viene, del 13 al 17 de mayo, podremos disfrutar del mejor teatro de marionetas en directo. El resto del año, nos conformamos con las que vemos sentadas en el Congreso, aunque ahí no sepamos quién maneja los hilos. Titirimundi, nuestro Titirimundi es sinónimo de títeres, de los buenos, de los que vienen dispuestos a dar lo mejor de si mismos porque actúan ante el público más exigente. Y no estoy hablando sólo de la sincera audiencia infantil, que allí también están sus padres. Y los que vamos sin niños.

No sé si te pasa a ti, pero cada vez que veo un espectáculo callejero me paro a disfrutarlo. Me regalo unos minutos para decidir si merece la pena o no verlo hasta el final. Y hay veces, la mayoría, que me llevo una gran sorpresa. Unas porque lo que estoy viendo es realmente bueno, otras  porque me dejo llevar y consigo no pensar en nada más que lo que tengo delante. Por eso, en cuanto puedo, me separo un poquito de los adultos para escuchar los comentarios de los niños, siempre más certeros y  presentes que los que nos callamos los demás. ¿Por qué? Porque no tienen prejuicios, aún no les ha dado tiempo. Miran sin juzgar lo que están viendo. Y, además, escuchan, pero en serio, no pensando en su historia para dar la réplica. Atienden dispuestos a responder, que para eso lo que hace único al teatro es su capacidad de crear una atmósfera nueva en cada efímera representación, llegando incluso al extremo de crear siempre un argumento nuevo, como si de un espectáculo de impro se tratara. Aquí jugamos sin barreras, además, porque en la calle todos estamos al mismo nivel. Ojalá todos los teatros de la vida, con sus protagonistas, héroes y villanos, fueran así de democráticos.

Cada espectáculo infantil me permite intentar imaginar cómo veía el mundo hace tantos años. A mi se me olvida si no me concentro. Por eso, a veces, me dan envidia aquellos que son padres, porque desaprenden para aprender al ritmo que impone el crecimiento de sus hijos. Ellos sí que se acuerdan todos los días, no necesitan, como sucede en Birdman, pedir un cambio de ojos, que no es más que una recarga de inocencia en la mirada.

Titirimundi se vive en la calle

Me quito el sombrero cada vez que veo artistas callejeros. A veces no sé si son valientes o locos capaces de exponerse sin barreras a la mirada gratuita del público, ya que no siempre valoramos aquello por lo que no nos imponen un precio previo. En este caso somos nosotros los que también evitamos pactar un coste por lo que estamos viendo. Imponemos la voluntad que, reconozcámoslo, no suele ser muy generosa, ni con crisis ni sin ellas. Mi amiga Cristina se propuso enseñarnos un poco del esfuerzo que hay detrás de todo esto poniéndose en su piel, literalmente, con este ejemplo de periodismo. Otro oficio por el que, si la cosa sigue así, también se terminará pagando la voluntad.

Parece que no está bien que contemos historias, que sólo debemos escuchar las que nos cuenten los que mandan. Parece que no quieren que sigamos mirando como niños sumando todo lo que vamos aprendiendo con el tiempo. Quizás para otros no sea bueno que vivamos con el corazón en la mano. Por eso disfruto tanto con Titirimundi, porque la ficción es la manera más sencilla de salir de nuestro registro habitual para hacernos pensar sobre lo que de verdad importa. Porque permitimos a las marionetas hablar como nunca lo haríamos en nuestra vida real. Y eso nos da qué pensar. Las historias intentan ponernos, como hace Cristina, en la piel de los demás. Para mostrarnos que las cosas no son tan complicadas. Como decía Goytisolo, “la vida es bella, ya verás como a pesar de los pesares tendrás amigos, tendrás amor”. ¿Y cuándo, digo yo, hemos recibido más de ambos?

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2 thoughts on “Titirimundi

  1. Y porque hart@s estamos, me permito la libertad de hablar en plural, de que nos traten como #títeres en una mala actuación, disfrutar de estos días de #Titirimundi en #Segovia es todo un placer, como bien dices.
    Aunque si nos paramos a pensar, o mejor a ver, escuchar y sentir cada minuto en el autobús, tomando una caña, o simplemente con quién te cruzas al andar, menudas tramas e historietas!!!!!! dignas de grandes espectáculos de público.
    Sólo es cuestión de pararse a observar lo que nos rodea, que a veces se nos olvida!!!!

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