#unmes,unlibro: A people’s History of the United States, Zinn

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Hay varios ingredientes que no pueden faltar en cualquier historia: protagonistas, ambientes y una buena estructura. Un poquito de tensión, algún que otro hecho que haga avanzar la acción y, por supuesto, emociones, imprescindibles por mucho que nos tengamos por seres racionales, siempre bien pensantes.  Pero lo más interesante se suele guardar siempre dónde no se ve. Las omisiones, con su selección implícita, enseñan mucho más que todo lo que contamos. El historiador Howard Zinn lo sabía, reflexionó mucho sobre ello y por eso escribió su historia, la Historia de los Estados Unidos eligiendo lo que él quiso. Es un best seller en su país… ¿un libro de historia entre los más vendidos? Tiene mérito.

Su guión difiere un poquito del que aprendió en la escuela, también del que aprendí yo, aunque tenga prácticamente los mismos componentes. Su clave está en esas supresiones históricas que él reinventa a su manera, y así es como las he visto yo.

Protagonistas. Aún sin haber visto la película, aprovecho su título para recordar que una historia suele tener un bueno, un feo y un malo. Para algunos, el bueno está arriba, en el poder, y se preocupa por quien está debajo que, como no es importante, no es el malo, ni siquiera el feo. El mal se representa en cualquiera que intente cambiar ese sistema, sea del color que sea.

Pero Zinn hace protagonista al colectivo, que se convierte en el bueno: el pueblo, los indígenas, la masa, las minorías étnicas, la clase obrera, la media. Esos grupos que solo manejan un poder ilusorio cada cuatro años (si hablamos de nuestra democracia) o como supuesto beneficiario de las acciones de su gobierno (si hablamos de mucho tiempo atrás). El malo de Zinn es ese que está arriba, ese 1% que maneja al resto.

El feo… nos da color, hace que la historia gire hacia un lado u otro, pero no deja de ser un secundario al servicio del poder. Puede que se transforme en comunistas, judeomasones, terroristas árabes, cubanos, chinos… no chinos no, que nos compran deuda. Mejor los vestimos de los supuestos dictadores sudamericanos que no están de nuestro lado. Pero el feo no decide ser el feo, a él lo eligen.

Personajes secundarios. Como cualquier buena película, la historia está llena de eternos secundarios que, sin saltar a primera línea, realmente son los que sostienen el relato. Howard Zinn se queda (volvemos a hablar de elecciones) con un personaje inmortal con capacidad jurídica eterna: las grandes corporaciones. Esas que han manejado la historia de los Estados Unidos y, por extensión, la del mundo globalizado, desde el inicio de sus tiempos. Esas Rockefeller, J.P. Morgan, US Steel… capaces de decidir por si solas el trazado de un ferrocarril público y los próximos enfrentamientos internacionales.

Localizaciones. La historia que yo estudié transcurría en palacios, en guerras limpias cargadas de ideales, en edificios nobles, espacios a los que no todos tenían acceso. Esos lugares tenían algo más en común: solían estar dirigidos por héroes que luchaban por su pueblo. El relato que nos cuenta Howard Zinn sale de palacio para llegar a la plaza, y son todos los que están allí los que empujan a esos grandes hombres a emprender reformas que, no olvidemos, suelen quedar en un acuerdo de mínimos frenado por quienes pueden hacerlo.

Estructura: Como no podía ser de otra forma, la estructura de la historia de Zinn es lineal, marcada por los hechos de forma cronológica, pero avanza sobre otros conflictos. Cristóbal Colón no llegó a América con una misión evangelizadora, ni Lincoln acabó con la esclavitud. Tampoco EE.UU. se anexionó Nuevo México tan limpiamente, ni la conquista hacia el Oeste fue una aventura épica de un grupo de colonos. Y, ni mucho menos, EE.UU. es el garante de las democracias en el mundo, no. Garantiza muchas otras cosas, incluido su libre comercio.

Y no podemos olvidarnos de las emociones que, en esta historia de la gente de Howard Zinn se resumen a dos: miedo e ira. Temor a perder lo poco que tienen, a ver sufrir a sus hijos. Ira por sentirse explotados, rabia para luchar por ello. Pero también hay miedo más arriba, es el pánico a perder sus privilegios lo que lleva a ese pequeño 1% a cometer tantas injusticias.

Esta elecciones presentan implícitas muchas ideas, entre las que yo me quedo con una: si el protagonista es el pueblo, ¿qué puedes hacer tú? Una persona, en una comunidad, votando, participando activamente, comprando con conciencia pinta, pinta mucho. Quizás hoy en día se haga más política en un mercado de barrio que en el Congreso de los Diputados. Per para poder participar activamente hay que estar lo más informado posible, y para eso se necesita un esfuerzo personal y una prensa libre. Ésta también hace sus propias elecciones, a nosotros también nos toca descubrir quién nos cuenta qué y, sobre todo, para qué.

This is a race in wich we can all choose to participate, or just to watch. But we should know that our choice will help determine the outcome.

Howard Zinn

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