#unmesunlibro. Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler

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Uno de los pocos días borrascosos de este sequísimo mes de mayo esperé a que terminara el chaparrón en Tipos Infames.  Vino y libros, quién quiere más. Llovía, mucho, por lo que dejé pasar tiempo ojeando, y hojeando, su selección de libros. Suele pasar. Hay dos maneras de ir a las tiendas de libros: con la lista de la compra en la mano, como si fueras al mercado o, como voy yo la mayoría de las veces, con la intención de dejar pasar tiempo, del bueno. Y salir de allí con alguna sorpresa, claro está. Ninguna de las dos formas es infalible ni garantiza llevarte un buen libro. A veces acierto, otras no, pero cierto es que casi nunca fallo del todo porque es muy difícil que no haya algo, por poco que sea, que merezca la pena en un libro. Esta vez salí de allí con Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler, editado por Libros del Asteroide. ¿Acerté? Aún no estoy segura.

Lo primero que me llamó la atención del libro fue su título: “Canciones de amor a quemarropa”. Un poco dramático, muy adolescente. Perfecto para un día lluvioso en el que hay un peligroso tipo de música amenazando con graparse a tu cerebro durante todo el día. Canciones de amor a quemarropa, tal cual, sin darnos una pista sobre el final de la historia. Un poco telenovelesco, sí, tono en el que sigue el resumen de la historia escrito en la contraportada: cuatro amigos, un pueblo de Wisconsin, un vaquero de rodeo y una estrella de rock. Y secretos. Y amor, claro. Venga, vale, compré. El peligro que tienen los días de lluvia…

Canciones de amor a quemarropa es una historia de amistad, sin más pretensiones. Un relato lleno de frases sencillas, de esas que no te complican la vida y te ponen rápidamente en el lugar del otro. Un estilo nada presuntuoso que, al igual que la vida rural que defiende en sus páginas, consigue que te metas de lleno en su historia del mismo modo que lo haces después de pasar un fin de semana en el pueblo. En un segundo vuelves a ser de allí. Y hacer las cosas tan sencillas, reconozcámoslo, no es tan fácil.

Quizás esa empatía esté también asociada al momento en el que este libro terminó en mis manos: primavera, lluvia. Treinta y tantos. Quizás sea la edad la que mande en todo esto.  Bodas, bautizos, reencuentros. Consolidaciones de carreras laborales que van parejas, como no, a las personales. Decisiones. Y balances, porque el poso que deja esta historia se mueve alrededor de aquello que pudo ser y se convirtió en otra cosa. De expectativas, al fin y al cabo, las que tenías a los veinte y que hoy, a los treinta y tantos, querrías haber convertido en realidades. Las que te inventes ahora de nuevo porque ya vas sabiendo qué es lo importante.

Por eso el dramatismo adolescente de ese título, Canciones de amor a quemarropa, cede su espacio a la melancolía asociada a los sueños cumplidos y la nostalgia de las decisiones tomadas, igual que nos arrasa el paso de la vida misma. Ese que te hace ver que te encuentras en un momento en el que deberías haber avanzado, haber dado un paso más persiguiendo lo que se supone que tendría que hacerte feliz. Un punto en el que te das cuenta de que tu vida está bastante perfilada pero no se parece en nada a lo que habías imaginado hace tantos años. Pero quizás ese sueño nunca fue tan necesario como lo que estás viviendo hoy. Por lo menos, de eso estoy muy segura, nunca fue tan real.

Con eso me quedo, con lo real. Porque si algo me ha acompañado siempre, incluida la lectura de Canciones de amor a quemarropa, han sido mis amigos, verdaderos protagonistas de este libro. El apoyo incondicional, los celos, los secretos, el cariño, la devoción, el exceso de confianza, la complicidad. Esos instantes que vivo con tan poca gente que cuando falta uno somos todos los que estamos cojos. Esos momentos que por ser cada vez menos se aprovechan cada vez mas. Esas raíces humanas que te aferran a una tierra, que crean un arraigo irrompible que hacen que sea como soy no por pisar el suelo que piso, sino por hacerlo tan bien acompañada. Esté donde esté, aunque echando la vista atrás vea que no quedamos tantos, que tan importante como cuidar es dejar marchar. Y recordar lo bien que estuvo.

Y real es, también en Canciones de amor a quemarropa, la vuelta a casa protagonizada por la vuelta al medio rural. A lo pequeño. A lo personal. Ese sitio en el que el paso del tiempo lo pintan las estaciones y la rutina viene impuesta por el sol. Ese lugar que se mantiene tranquilo en medio de la esquizofrenia de la velocidad impuesta.  Butler escribe sobre el valor del trabajo, la lealtad, la defensa de los valores, cuatro, bien elegidos, básicos,  a través de los paisajes de Wisconsin en los que reside y creció. “Vivo aquí, he escogido vivir aquí porque la vida me parece real. Auténtica, verdadera. No sé, viable”, dice uno de los protagonistas de este libro. Es su opción, una elección que representa el hogar, lo conocido, ese espacio en el que somos lo que somos, lo que hacemos y no decimos. Donde no puedes esconderte pero que, al mismo tiempo, te da la seguridad de saber de dónde vienes para correr hacia otro lugar. Y volver, como hace Xoel.

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4 thoughts on “#unmesunlibro. Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler

  1. Y como no, de nuevo, he de darte la razón, y no como a los tontos, como se suele decir, si no como a una sabia que con sus palabras de treintañera habla por boca de muchos, por no decir de todos nosostr@s…
    Que “a toro pasado” todo se ve muy fácil, que lo que imaginaste no fue pero, la mayoría de las veces, no te equivocaste tanto y que el ahora no lo cambias por nada, también! ahí si que hablo en particular. #oleYO

  2. Hola amigos, yo queisira saber si yo puedo participar de este su encuentro de cantautores ver si les quemo la ropa con unas cuantas canciones.Yo soy un colombiano con muchas canciones a cuestas y muchas ganas de que estas se escuchen, por ahora estare9 muy pendiente de mi correo para ver si les interesa la propuesta, un amigo que vive en Pamplona les podreda facilitar mi mfasica de unos cuantos discos que el me ayudo a vender por esas tierras. Por favor conte9ntenme.Un abrazo de este un nativo del planeta tierra, Fercho

  3. Buenos días Joseph. Mil perdones, porque este blog ha estado descansando (que no olvidado) y por eso no había visto este comentario. No sé si la oferta seguirá vigente… Un saludo

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