#unmesunlibro. Un hombre, de Oriana Fallaci, periodista

Es difícil que un periodista tenga dos vidas: una personal, la otra laboral. Nunca está del todo de vacaciones, sigue atento a sus rutinas, que son las de todos. Un periodista es periodista incluso cuando publica una novela: no sabe escribir de otra forma. Oriana Fallaci, la Fallaci, fue periodista. De las de verdad.

Oriana Fallaci, Un hombre

Hay libros que llegan a ti por casualidad y te atrapan. Otros te los regala alguien muy especial, por eso los lees con más cuidado y, poco a poco, sin apenas darte cuenta, te han conquistado. Duele despedirse de ellos como duele hacerlo de un buen amigo. Eso es Un hombre.

Un hombre es la biografía de El Hombre de Oriana, Alekos Panagulis, ese hombre. Un activista griego capaz de atentar contra un dictador, sufrir años de cárcel y torturas, sobrevivir a una condena a muerte y tener ganas de seguir intentándolo.

Resignación, dulce rutina que atrapa...

Un héroe. Pero aunque la historia gira en torno a él, la que escribe es ella, y queda claro. Oriana es periodista. Una mujer enamorada que, bajo esa excusa, hace cosas que  en otro momento (o persona) de su vida, le hubieran parecido imposibles. Lo hace y lo asume. Y lo cuenta al ser capaz de mostrarse en un libro que es una catarsis de un dolor asumido y muy pensado. Porque es periodista, y de las buenas.

Sin embargo Alekos no es sólo su héroe, lo es de todo el movimiento de resistencia griega. Pero no por eso esconde su locura. Ni la suya propia, esa que le lleva a seguirle allá donde esté, a soportar desprecios.

quijotadas

Tampoco se escuda en ese amor para justificar su ceguera, que no deja de ser prejuicios de algún modo. Sin  quererlo, ambos comienzan una relación basada en un ideal, no sobre ellos mismos: él busca la compañera activista perfecta, ella se enamora del héroe. Y lo sabe, y nos lo cuenta, a pesar de que duele tanto asumirlo como saber que has causado el mismo sufrimiento de una forma tan injusta como involuntaria.

Prejuicios inconscienes

Y nos lo sigue contando del mismo modo que lo hace con la sociedad y, sobre todo, con los intelectuales de izquierdas, esos que la levantan como musa, compran sus libros y leen sus periódicos.

Ideologías, esas que unen a los partidos...

Pero, más allá de la relación platónica, podemos decirlo así, entre Alekos y Oriana, todo el libro es una declaración de amor hacia la libertad individual. Desde la resistencia de Alekos, su lucha, su locura, la de Oriana, su ruptura, las argumentaciones del proceso judicial de Alekos o los coletazos filosóficos que razona. Todo está estructurado para defender la libertad de verdad, la buena, la que no necesita miles de adjetivos que le acompañen, como aquello que, de una forma y otra, nos hará crecer. A todos.

Libertad

En un tiempo como este en el que Grecia es protagonista de nuestros periódicos en un tema, entre muchos otros, en el que los periodistas se retratan en pocas palabras, la historia de Alekos y Oriana es más actual que nunca. Yo no sé si España es Grecia o no. No sé si el mundo se acabará si Podemos llega al poder. No lo sé. Pero sí que veo la información que los grandes medios están publicando sobre Syriza y Podemos como un ejemplo de la crisis que está viviendo el periodismo actual que, lejos de lo que nos cuentan, no está provocada por la falta de publicidad.

Tan acostumbrados como estamos a hablar sobre los demás, pocas veces los periodistas hablamos de nosotros mismos. Qué poco nos mostramos y asumimos lo que se está haciendo mal. No digo que se fácil, no tengo soluciones, pero estoy segura de que se puede hacer de otra forma.

No vamos a entrar en el eterno (y cansino) debate de la objetividad, no es tiempo ni lugar. Pero sí que quiero hablar de honestidad hacia uno mismo y hacia sus lectores que, al fin y al cabo, son los que compran tu periódico. ¿Honestidad a tu medio? Por supuesto, si no entra en conflicto con las otras dos, que son las prioritarias.

La Fallaci lo hizo, con todas sus polémicas, aciertos, luces y sombras. Es protagonista por representar lo que el periodismo puede ser y, definitivamente, no es. No sabe escribir sin mostrarse y, lejos de no ser objetivo, es lo más sincero que puede hacer un periodista. Por eso la línea debe ser tan borrosa. Será el lector después quien deba saber a quién está leyendo. Esa es otra guerra.

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